jueves, 15 de julio de 2010

Fragmentos Muertitos - III [yuxtaposición de ideas incongruentes y muy calientes]

Ocho de la noche. Quincedejulio de dosmildiez. Razón: Para Novalis, "en cada contacto se engendra una sustancia cuyo efecto dura tanto como el tacto".

Una mano se alza en el infinito negro del universo no creado. Una mano que aún no es mano porque aún no existe la palabra que la nombre. Una mano que puede ser boca con los labios gruesos y grandes, como dos piernas que se engarzan ahogando entre ellas al amante. Manos, bocas, piernas; dos continentes que se atrapan, se desprenden, en el lento flotar de sus cuerpos sobre el agua.

[Sí. Como dos Ofelias, como las dos Ofelias que me arremeten en sueños]

Le llaman Big-Bang a la explosión originaria. Y así como una bomba que se expande, esa ola que va llevándose todo a su paso, así, el primer golpe de la mano que se estrella en el vacío (mano boca pierna cordillera incluso alma), el primer engarce de las piernas sacudidas en orgasmo, en bigbang, es una ola inacabable que va empujando por las calles a los cuerpos contra los cuerpos, a las bocas contra las bocas, a las partículas, u/nas/con/tra/o/tras, en el largo encuentro del océano en la playa. "Porque toda sustancia engendrada en el contacto, es océano", dijo el pescador griego. Luego.. otro diría que fuego, otro que aire....

[Hasta que hoy, cuando me tocas, soy océano profundo inundado por el fuego que se escapa de tus manos terrenales, manos de niño desenfadado que sostiene fuerte la espada, sólo por jugar, y lanza al aire su corte..... y es con el aire que me cortas]

A los niños, el bigbang los tiene sin cuidado. Se caen, se rompen, se lastiman, se levantan, son curados por las manos, labios, continentes de su madre. Piernas que se engarzan porque "no quiere parir todavía", porque "la luna no se ha llenado por completo".

[Vuelvo a ser la misma sustancia moldeable y es entonces que descubro que ya no me tocas. Y si falta el tacto, sueño con ser barro, sueño con ser cueva, ventana de cristales empañados.... "abandonar la carne y desencajar el hueso", dijo la bailarina egipcia]

Al fuego (el que brota de la boca cuando explota un contienente), al fuego, los metales llegan al máximo de su contacto; se amalgaman y son uno-sólo-multiforme-uniforme-deforme. Acaso la piedra filosofal que cierto emperador romano confundió con un huevo prehistórico, y desechó por parecerle que todo lo que es salido del orificio anal, debe quedarse en la tierra y no en los museos. Ni en el museo de su conciencia podía contener la imagen de ese huevo; se sentía repugnante al llevarlo por ahí de la mano de sus ideas astronómicas o compartiendo el agua de tilo con sus ideas arquitectónicas. Cualquier mención del huevo aquél era castigada duramente. Y cuando el emperador iba al baño, lo hacía solo, no permitía que lo acompañaran sus amantes, tenía un ritual personalísimo que nadie nunca llegó a conocer. Los curiosos, que siempre acechan en las cortes, dijeron escuchar muchas veces ciertas palabras en griego antiguo, pero aún hoy los historiadores sospechan que no hablaba con palabras, sino que era un ritual de aullidos y gemidos que sacaba desde el vientre.

[Y si me tocas, aún a la distancia, porque con la mirada también puede tocarse, deliro con mis manos agolpadas en el pecho como nubes que esperan la tormenta y luego, al soltar la carcajada inimitable de la complicidad, soy un montón de gotas derramadas sobre el piso esmaltado que más tarde tendrás que limpiar, por fuerza]

En el acto del amor, en cambio, acto que debía ser filosófico o carnal, y no otra cosa, y nunca los dos al mismo tiempo, el emperador se daba la mayor de las libertades de contacto. "El amor, decía, no pertenece a la tierra originaria, consagrada por los dioses, sino a aquella forma mutable de la tierra que es llamada cuerpo, y que será cuerpo durante el tiempo que dure la cocción... hasta el segundo antes de volver a ser tierra". Todo lo que salía del amor, entonces, no debía entregarse a al tierra sino al cuerpo. No era ya un ritual individual sino un intercambio de brotes amorosos, salidos desde el centro de los continentes de la madre que ya se abren porque "la luna está completa". En el acto del amor, el emperador lanzaba las palabras y los pensamientos (que son esas flores afiladas con que los sabios cortaban las lenguas de los caballos salvajes, mal-llamados unicornios) sobre el cuerpo del amante, en el caso del acto filosófico, así como lanzaba su semen, en el acto carnal, para que al contacto con aquél niño frágil parecido a la inocencia se volviera fruta reverdecida o vino escanciado por Ganimedes.

[Como un niño que descubre el sentido de la muerte, voy tocando cada uno de los espacios en que habitas para transformarlos en insectos, en gusanos, en terrones de tierra con que intento conquistarte, para que dejes por un momento de esconder tu cuerpo de los terrores infantiles. Y cuando logro convencerte, jugamos a los jinetes que van en sus escobas galopando hasta la cima aquella donde se ve la media luna, la tierra que algún padre sin tierra le ha heredado a su hijo. Te caes del caballo porque es la primera vez que montas una escoba y yo te tomo de la mano intentando acomodar con fuerza las riendas en tus dedos, de huesos apenas fabricados por el tiempo. El camino es largo y no podrías soportarlo a pie. A veces, cuando te quedas dormido en el caballo, y temo que te caigas de cabeza, me subo a tu escoba y te sostengo de la barriga: juraría que un día la escuché decirme desde muy adentro, "tómame más fuerte", pero pudo ser tan sólo mi imaginación, porque cuando me ocupo de tu sueño y cabalgamos juntos en tu escoba nos convertimos en dragón, en niebla, en opio que se cuela por las venas rotas de las alcantarillas de tu cuerpo. Así, es muy difícil escuchar lo que dice tu barriga, pero pondré atención para poder contarte la próxima vez que te despiertes]

"Un preciado bálsamo destila de tu mano, como si fuera un atado de amapolas", dijo el poeta alemán.

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